12 feb 2020

Recomendaciones Ante Una Emergencia

Por Atilio Persano
Comité de Seguridad de la EAA Argentina


El apuro, nuestro primer enemigo en una emergencia

Durante la instrucción (y según el instructor que nos haya tocado en suerte) solemos practicar emergencias con el objeto de acostumbrarnos a considerar el aterrizaje en un campo ajeno a nuestro aeródromo como una maniobra más. Pero, por más cantidad de emergencias simuladas que hayamos practicado, el día que nos toque solucionar una real, seguramente nos sorprenderá, porque las características de la misma serán indefectiblemente diferentes a las practicadas.
Vamos a tratar de realizar un breve repaso de la maniobra. En primer lugar, tenemos que acostumbrarnos a que, en cuanto estemos fuera del alcance de nuestra pista, consideremos cada campo que estamos por sobrevolar como una eventual alternativa de aterrizaje. Al mismo tiempo, tengamos bien presente la dirección del viento (debido a que los asados con su humo han ido escaseando, la observación del ganado pastando nos va a dar la exacta dirección, ya que, invariablemente presenta su trasero al viento). Recordemos que es preferible un campo más bien corto con viento de frente que uno más largo con viento de cola!
Se acaba de producir la inesperada emergencia. Por unos breves instantes nos parece que se detuvo, junto a nuestro motor, el mundo entero. Pues bien: llegó el momento de planificar el próximo aterrizaje. Para ello, vamos a realizar (ahora y no en vuelo) unos sencillos cálculos cuyas conclusiones muy cortas y muy fáciles de aplicar nos serán de gran ayuda en el momento de resolver una emergencia, y, de paso, recordar las prestaciones de nuestra querida aeronave, sea ella del tipo experimental o certificada.
Tomamos una relación de planeo bastante modesta de 10:1, es decir que cada 10 metros que recorre perderá 1 metro en altura. La velocidad de aproximación la vamos a considerar como ejemplo, de 90 km/h (55mph), o sea, que en cada minuto recorreremos 1500 metros. Y de la misma manera, perderemos 150 metros de altura. Esto nos da, como resultado teórico, 40 segundos por cada 100 metros de altura y 1000 metros de distancia a recorrer. Vamos a considerar un factor de seguridad de 0,5 y aquí tenemos los dos valores para grabarnos en nuestra memoria: 20 segundos de tiempo y 500 metros de recorrido para cada 100 metros de altura!
Si pretendemos que la solución de la maniobra sea un éxito, sigamos cuidadosamente los siguientes consejos:
1º. Si la emergencia se produce durante el ascenso y antes de alcanzar los 200 metros (600 pies) nunca se deberá intentar el regreso a la pista. El viento de cola hará que el rendimiento de nuestro avión baje hasta el 50% de lo normal.
2º. A partir de los 200 metros y de allí para arriba el procedimiento es el siguiente:  Visualizado ya el campo y la dirección en la que vamos a aterrizar nunca debemos tratar de llegar en forma directa, es decir en una larga final, sino que hay que realizar un tránsito de la misma manera que lo hacemos en nuestra pista, por supuesto que no será necesario cumplir las tres piernas del tránsito, pero sí es casi imprescindible hacer la pierna básica que nos lleve hasta la supuesta cabecera y recién allí será el viraje de 90º y final. Esta es la mejor manera de aprovechar un campo desconocido, ya que en básica podremos observar los eventuales obstáculos que podrían dificultar nuestra maniobra.

Recuerden:
Nunca debemos dejarnos llevar por la ansiedad de llegar al piso. Tenemos tiempo de sobra si lo sabemos aprovechar. El apuro suele llevarnos a situaciones que en muchos casos terminan en accidente aunque el campo esté más liso que nuestro propio aeródromo.

NR: Por supuesto es obligatorio conocer los procedimientos de emergencia detallados en el manual de la aeronave.
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